Pensando un poco en el estilo de vida actual de una persona promedio, el mundo, la sociedad, nuestros antepasados, a quien queramos culpar, nos complican las cosas más de lo que creemos. Cuando somos niños, lejos de todas las responsabilidades que conlleva ser adulto, tenemos pensamientos totalmente diferentes, por mencionar algo, de niños no pensamos impresionar a nadie o tal vez sí, pero de una manera mucho más inocente.
Conforme crecemos nos enseñan a ser competitivos, a pelear por ser mejor que otros, con esta lógica es bastante obvio que nos vayamos a topar en la vida con alguien mejor que nosotros, en cualquier área que creamos ser mejores, y ahora, esto es culpa de nosotros? Pues sí y no, no porque desde siempre nos venden esta idea, la escuela trata a todos como iguales, lo cual es bastante ilógico, no todos tenemos la misma capacidad de aprendizaje, ni mucho menos tenemos los mismos talentos, y eso es sólo el comienzo, el colegio, la universidad, el trabajo, la interacción con las personas, todo nos enseña a competir contra nosotros mismos; pero también tenemos la culpa nosotros, hemos adoptado el conformismo y la competitividad y los hemos acogido en nuestra mente, es decir, hemos dejado ganar a todos esos que culpamos en la actualidad sin nosotros haber dado siquiera el mínimo de guerra.
Conforme pasa el tiempo y nos hacemos viejos nos vamos decepcionando del presente, porque no es como nos lo imaginamos tiempo atrás, porque lo vemos de esta manera, pero la realidad es otra, nos programan de una manera que nunca vamos a estar felices con lo que tenemos, no solo en material, sino también emocional, profesional y más. Luchamos gran parte del tiempo por lograr un sueño que cuando lo cumplimos tenemos la mente tan ocupada en otros muchos sueños que nos venden que ni nos damos cuenta de lo que hicimos, de lo que somos capaces cuando nos concentramos en nosotros mismos.
Si tratáramos de enfocarnos más en nosotros y lo que en realidad queremos para nosotros mismos, no en lo que queremos que los demás vean, si no en nuestros verdaderos sentimientos, así sin competir, más que en mejorarnos como personas, buscando y viviendo aquello que nos llena sin importar más, viviríamos de una manera más saludable en todas las maneras posibles y lo más importante nos convertiremos en personas felices, pero felicidad de verdad, no de esa felicidad a base de aprobación de alguien, o base de ser mejor en algo o mejor que otros, felices porque sí, porque nos hemos encontrado con nuestro verdadero ser, con la razón de vivir y estar aquí.


