La naturaleza y la vida en su nivel más puro posible actúan de manera inesperada y muchas veces inexplicable, es incierto su origen y mucho de su comportamiento también lo es, pero algo si se puede asegurar, la naturaleza y la vida están en constante cambio, es lo único que inequívocamente podemos afirmar, desde los microorganismos más básicos de la vida, hasta los cuerpos celestes y las demás maravillas del Universo y los elementos que las componen, pasando por la vida animal, vegetal, el clima… Se podría seguir con una lista muy extensa. Lo que quiero enfatizar en este punto es que todo lo que nos rodea que no haya sido creado por el hombre vive hasta su muerte en un fiel y persistente cambio.
Teniendo lo anterior claramente definido con sus debidos ejemplos, quiero iniciar el tema principal de este articulo con la pregunta que me hizo escribirlo, ¿Por qué el ser humano escapa y le asusta tanto el cambio?
Antes de dar mi opinión respecto a la pregunta me gustaría argumentar el por qué declaro que el ser humano teme al cambio, aun más, lo evita lo más posible. Una primera prueba es como heredamos creencias y comportamientos tan antiguos como el mismo ser humano, me refiero a que tenemos ciertas conductas y dogmas que existen desde hace cientos y hasta miles de años, sin preguntarnos el porqué de las cosas, investigar y analizar, simplemente por el hecho de que así ha sido siempre. Otro claro ejemplo es que nosotros los seres humanos buscamos comodidad, que todo sea casi automático, repelemos lo nuevo, aprender, incomodarnos y tratamos de mantenernos en ese lugar que tan famoso en el término en la actualidad la zona de confort. No voy a entrar en detalle en este tema porque se conoce y se habla hasta el cansancio en estos días.
Ahora bien, no todas las contantes son negativas, me estoy refiriendo a todos esos asuntos por los cuales nos vivimos quejando, que no nos hacen crecer, nos entristecen o enojan. Estamos tan mal educados en temas personales que vivimos (en la mayoría de los casos) para dolernos de nuestras propias acciones y/o decisiones.
Mi opinión hacia la pregunta enunciada previamente es que existe una mezcla de circunstancias que nos alejan del cambio, es cambio que la vida tanto nos exige dar, la adaptación constante en tato a comportamientos y pensamientos. Un primer ejemplo es nuestra formación, somos criados de la misma manera, sin importar qué tan diferentes podamos ser unos de otros, nos hacen creer que solo hay un camino en la vida con ligeras variantes. Lo cual es completamente erróneo y triste a la vez; el segundo ejemplo para mi es mucho más alarmante, se trata de la falta de autenticidad que nos envuelve, somos el ser vivo con mayor capacidad en la Tierra y nos dedicamos a ser parte de una simple corriente que nos arrastra río abajo.
Este análisis me lleva a querer aportar algunas acciones que personalmente he adoptado para combatir un poco (o mucho, dependiendo del área) esta “alergia” al cambio. Lo primero es conocer las cosas como sin, no como las cuentan, si hay algo que consideramos importante en nuestras vidas, ya sea ciertas creencias, pensamientos o comportamientos, debemos por obligación conocer el tema con profundidad; lo que me lleva directamente al segundo punto, no todo es blanco o negro, existe una vasta tonalidad de grises. Con esto me refiero a que somos capaces de formar nuestras propias creencias, nos estamos obligados a creer solo una cosa y consecuentemente no creer en su antónimo, nuestra mayor habilidad es nuestra mente y si la abrimos llevamos ventaja.
Mi tercer punto también va de la mano con el punto anterior, y es escuchar, una mente abierta que constantemente escucha las opiniones de un lado y otro puede lograr sus propias conclusiones y conseguir un cambio auténtico, mezclando puntos de vista y pensamientos personales. Otra característica que nos debe definir es el autoconocimiento, (en lo personal la más importante) entre más nos conozcamos podemos escuchar con mayor criterio y nos ayudamos a tomar mejores cambios para nuestro beneficio.
Con estos rasgos esenciales viene la reacción al cambio, ya conocemos que es bueno y malo para nosotros, tenemos criterio y opiniones bien definidas, no nos dejamos solo por la opinión de los demás, las escuchamos con mente abierta y sacamos nuestras propias conclusiones, con todo esto el miedo al cambio desaparece por sí solo, es más, queremos cambiar, porque sabemos que si decimos hacer algún ajuste a nuestra vida va a ser para beneficiarla y quizá hasta llegue a hacer alguna mejora a nuestro alrededor.
Claro y sencillo como el agua, pero, ¿por qué quedarnos ahí? Ya que descubrimos lo capaces que somos y los beneficios de estos cambios, es hora de compartirlo, con testimonio y ejemplo, en especial con los más pequeños, hijos, hermanos, sobrinos, vecinos, desconocidos, da igual, pero también con los jóvenes y adultos, allegados o no, es un beneficio para todos, es hora de hacernos y hacer el bien, nos lo merecemos.


